“Maradó, Maradó”
No soy católico, Soy Maradoniano.
Es así como respondo cada vez que se me cuestiona acerca de mi credo religioso, obviamente en un tono sarcástico e inclusive burlesco.
A grandes rasgos la iglesia Maradoniana surge en Argentina, específicamente en Rosario, cuando un sujetillo llamó a un de sus amigos para desearle feliz navidad justo en la madrugada del 30 de octubre, fecha del cumpleaños de Diego Armando Maradona. Y es de ahí de donde se desprende toda la historia.
En fin. Sucede que desde hace un tiempo, aproximadamente 2 años, me considero Maradoniano. Futbolero he sido siempre, basta con que ruede un balón para que me olvide de todo, no importa nada que no se encuentre dentro del terreno de juego, aunque he de confesar que hay uno que otro juego que es digno de un bostezo, pero sigo pensando que nada es más grande que el fútbol, el fútbol es para mi religión, y como toda religión requiere de un dios, nada que decir, el elegido es sin duda el más grande de todos los tiempos, Diego armando Maradona.
Lamentablemente nunca tuve la suerte de ver jugar al Diego en vivo, pero cuando me tope con los videos de sus juegos y sus goles me enamoré. Esto va mucho más allá de su gesta histórica del mundial de 1986, aquella proeza que realizo frente a los ingleses, en la cual con ayuda de su mágica gambeta dejó a medio equipo varado por el campo y culminó evadiendo al arquero y disparando a gol, manufacturando así el gol más bello de la historia de los mundiales. Eso solo fue un poco de lo que el Diego regaló al mundo, Argentinos JR, Boca, Newell´s, Barcelona, Sevilla y Nápoli, fueron los clubes encargos de albergar el encanto del 10, siendo en este último donde estampó sus mejores momentos y convirtió sus goles más extraordinarios, con lo cual logró hacer campeón de Italia al equipo Napolitano e inclusive lo llevo a conquistar la copa de la UEFA.
Al Diego como a todo jugador le importaba ganar y hacer que su equipo estuviera en lo más alto del torneo, pero por otra parte le encantaba hacer magia, tomar el balón, esconderlo, tirar un caño, hacer un pique, frenar y volver a arrancar en cuarta, realizar un sombrerito, driblar y eludir contrarios, elevarse y rematar de chilena, picar la pelota desde fuera del área y clarear al portero para ponerla en el ángulo y todas esas cosas que no son precisamente el orgasmo del juego (haciendo alusión a la metáfora del Gol que utiliza Eduardo Galeano en su libro El fútbol a sol y sombra), pero fungen como ese preámbulo del clímax, ese jugueteo previo de besos, abrazos, caricias, que aplicados al fútbol se encargan de arrebatar sonrisas, aplausos y poner la piel “chinita” a los aficionados.
Me encontraba como cada domingo vagando por los canales de la señal del cable sin detenerme en ninguno (a veces creo que paso más tiempo haciendo zapping que viendo programas interesante, pero que le vamo´ a hacer), hasta que en Fox Sport me topé con un partido entre Argentina y Paraguay en la modalidad de showbol, misma que tiene su origen en Argentina, se juega en una cancha de 42 x 22 metros, con dos tiempos de 30 minutos y un entretiempo de 15 minutos, y que desde hace poco más de un año ha cobrado relevancia debido a las giras que ha realizado la selección argentina a nivel mundial, siendo la presencia del Diego el platillo principal para los seguidores.
Comenzó el encuentro. Fue un partido ríspido por momentos, agradable la mayor parte del tiempo, pero con un aditivo especial para mi persona, la presencia del 10, ahí estaba él, parecía mentira, por fin tenía la oportunidad de ver a mi D10S jugar en vivo, por algo no fui a la vía recreactiva, todo estaba planeado, esto solo podía ser obra del destino.
Si bien no es su mejor momento, no cuenta con su mejor figura, ni es un mundial, me importa un carajo, es Diego Armando Maradona.
El partido se desarrollaba en un ir y venir constante, Argentina se adelantaba por minutos, en ocasiones Paraguay empataba, pero no había duda de que la albiceleste resultaría vencedora.
Maradona tomaba la pelota y a diestra y siniestra (mas a siniestra que diestra) repartía asistencias, pero su gol no se veía venir.
Conforme transcurría el juego, yo esperaba con ansias un gol del 10 y me preguntaba como sería mi respuesta, sería como en un gol de un partido san Luis- Monarcas, lo gritaría como grito en los México-EEUU o me sería indiferente como todos los goles de ese partido, que aunque algunas eran verdaderas obras de arte, no lograban arrancarme más que un aplauso.
El segundo tiempo estaba por terminar, 30 segundos separaban el partido del pitazo final y una nueva victoria de Argentina. De pronto Maradona tomó la pelota, avanzo por la corta banda izquierda, se enfiló hacia la portería contraria, todo indicaba que serviría una asistencia más, pero no, de pronto ese guante que tiene por pierna izquierda disparó a gol, y el balón no tuvo otra opción que obedecer a su dueño y clavarse en la esquina inferior derecha del portero. Maradona lo celebró besando el tatuaje con el nombre de su hija Yanina, pues quería regalarle un gol en su cumpleaños, el narrador y los asistentes lo gritaron (eran argentinos), inclusive loas paraguayos aplaudieron, y yo… yo….
Yo clavé los ojos en el esférico desde que salió de su botín hasta que cruzo la línea y toco la red, para a la postre gritar ¡GOOOOL! Y festejarlo eufóricamente como… como un gol… como un gol de Maradona, exacto, así de sencillo, lo festeje como un gol de Maradona, un gol del D10S.
Será acaso que todos los maradonianos celebramos cualquier gol del Diego, así fuera un limón cruzando las patas de una silla, será parte fundamental de nuestra idiosincrasia tal como lo es para los católicos persignarse al pasar frente al templo, par los musulmanes orar mirando hacia la meca o el uso de la kipá por parte de los judíos, supongo que si.
Un verdadero Maradoniano grita los goles del Diego, no es una obligación, es un placer, algo que nace del alma, no importa la cancha, el torneo o la manufactura, hay que gritarlo siempre y cuando sea en directo, jeje.
No hizo falta un bautizo o una primera comunión, al gritar ese gol me di cuenta de que soy un Maradoníano por naturaleza.
¡SANTIFICADA SEA TU ZURDA!
Pontxo Ozomatli